Venezuela llora a sus madres
que lloran por sus hijos hambrientos.
Venezuela llora por sus estudiantes
presos que lloran por su patria.
Venezuela llora por sus jóvenes
muertos que querían libertad.
Mi país llora a sus enfermos
sin medicinas ni tratamientos.
Venezuela llora porque la miran
de reojo, como con vergüenza,
desde otros países lejanos
que cada vez son más remotos.
Mi país ha sido un lugar
bueno para muchos
y ahora es un buen país
para muy pocos...
Venezuela es alegre y triste,
dócil y bravía a la vez,
sin saber por qué, o dónde
o cuándo está su identidad.
Venezuela espera que sus
buenos hijos despierten
reclamando lo que es suyo,
íntegro e inconmesurable:
Su identidad extraviada.
Venezuela es mujer, definitivamente.
Es una mujer hermosa que
deslumbra al mundo
por sus infinitos contrastes
y que la anhelan demasiados
despreciables ambiciosos.
Mi país tiene bríos reprimidos
por la codicia y la locura...
Venezuela hoy llora triste y sola,
pero también hoy tiene
la certeza de que
sus corazones valientes
y aguerridos
volverán a demostrarle
al mundo
su capacidad de luchar
por su libertad.
Venezuela es una mujer hermosa sí,
pero además es una dama
de puño y de voluntad férrea
a la que no le tiembla el pulso
cuando de defender a sus hijos se trata.
Venezuela llora hoy...
Y con sus lágrimas en el rostro
saldrá adelante mañana,
expulsando para siempre
la ansias malditas
del infame invasor.
Venezuela llora hoy de tristeza
desolación y culpa,
pero mañana llorará
de felicidad,
cuando vuelva a ser libre,
más temprano que tarde.
Ingrid Cavalieri

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