Foto Original de Isabel Bracho Cruz
Te miro así, como de soslayo, e imagino que no me piensas, que no me amas, que no me miras. Te miro a hurtadillas porque aún amándote te temo y temiéndote me escondo.
He descubierto de pronto cuánto me echas de menos y el por qué de tus tristes silencios: también me temes porque me amas, pero ha podido más tu orgullo... y es tan triste como la lágrima de un niño.
Me miras así, también a hurtadillas, pensando que no lo sé ni lo sabré nunca. Me miras porque sigues luchando cuerpo a cuerpo con tu orgullo herido. Pobre de ti y pobre de mí, que aún no sabemos que la muerte existe...
No dejaré de quererte y lo sabes, pero lo que no sabes es cuánto me quieres a pesar de sentirlo en tu pecho, más que a tu propia carne, aún más que a tu mismo corazón.
Deberías conocerte un poco... No como te conozco yo, sino un poco... para que recuerdes cómo me besabas y a lo que te sabía mi piel. Para que recuerdes que nunca me dijiste "te amo" y por eso huí de tu lado.
Deberías reconocerte en mis labios, en estos brazos míos en donde suspirabas, y en aquella complicidad tan nuestra. Deberías mirarte hacia adentro, y encontrar que lo que más te duele es negarte el amor que me has negado.
Te miro de soslayo y reconozco tu dolor tanto como al mío, pero no podré jamás mirarte de cerca, de frente, directo a tus ojos bellos, para decirte cuánta equivocación hay en tu huida, en esa negación absurda.
Nos miramos las letras, las arrugas en la frente y el cabello cano. Nos miramos deseando descubrirnos y atrevernos, pero no, la cobardía y el orgullo han sido y seguirán más fuertes.
¡Tanta estupidez me enardece! ¿Y a ti?
Ingrid Cavalieri |
Comentarios
Publicar un comentario